
Viajar en moto por Vietnam
Un sueño hecho realidad: mi viaje en moto por Vietnam

Viajar en moto por Vietnam fue una experiencia increíble desde todos los puntos de vista. Recorrer ciudades y pueblos me dio una sensación de libertad única, que recomiendo a todo el mundo porque uno no sabe lo que tiene hasta que lo vive.
Los primeros kilómetros: nervios y emoción
Todo empezó cuando decidí permitirme un poco más en mi vida estando en España. Me pregunté: ¿por qué no ir a cumplir ese sueño que tanto quería? Sin mucho esfuerzo, compré el vuelo, llegué a Hanoi, alquilé una moto, y en ese momento era la hora de la verdad. Éramos yo y la carretera, una conversación continua en la que aprendes mucho más de lo que imaginas. Cada día era una sorpresa y por eso lo disfrutaba tanto.
Recuerdo que al comenzar estaba un poco nervioso; sabía que me exponía a riesgos y muchos kilómetros por delante. Tenía que dar lo mejor de mí. Pero esa primera etapa fue muy agradable: la gente me saludaba, quería hablar conmigo, me tomaban fotos y yo disfrutaba muchísimo. Todo estaba alineado: mi cuerpo hacía lo que mi mente y espíritu decían, y por lo tanto me vi en las mejores situaciones.

El viaje cambia: desafíos y aprendizajes
Hubo un momento clave en que todo cambió. Mis ojos ya no veían igual; estaba más consciente del peligro, porque me pasaron muchas cosas: un trozo de madera en medio de la carretera, coches que casi me atropellan, y otras situaciones límite. Aun así, siempre conducía con amor y respeto.
Hasta que llegó el día del trágico accidente. En el último segundo, un coche se cruzó en la carretera y apenas pude evitar la desgracia. Ese accidente, aunque fue un susto y algunos rasguños, me dejó la lección más sabia: valorar la vida y estar presente en cada instante. Gracias a mi ángel de la guarda no pasó algo peor.

Un cambio interno y un cierre con corazón
Desde aquel momento, mi viaje cambió, evolucionó y se hizo mucho más consciente. Sentí que todo generó un cambio interno que me hacía sentir más vivo. Seguí disfrutando cada kilómetro de una forma más auténtica.
Cuando llegué a Ho Chi Minh sentía cada gota de sangre en mis venas. Lo había conseguido, me había demostrado una vez más de lo que soy capaz, y eso me dio muchísima confianza. Estaba muy feliz y mi entorno lo podía ver. Así, sin más, terminó un gran viaje que quedó grabado en mi corazón para siempre.

