
Por qué deberías viajar a Rumanía
Por qué deberías viajar a Rumanía (desde la mirada de alguien que nació allí)
Un país que llevo en el corazón
Hoy quiero hablarte de un país que para mí es muy especial…
Mi país natal: Rumanía.
Y quiero hacerlo desde una perspectiva real, personal, desde lo que yo he vivido.
Porque muchas veces escuchamos hablar de Rumanía, pero pocos se imaginan lo que realmente se siente al estar allí.
Así que, ¿por qué deberías viajar a Rumanía?
Una joya de Europa del Este que sigue siendo accesible
Rumanía es uno de esos lugares de Europa que aún conservan su esencia sin que el turismo masivo lo haya cambiado por completo.
Además, sigue siendo un país accesible: los precios son más bajos que en la mayoría de destinos europeos, lo que te permite disfrutar sin preocuparte demasiado por el presupuesto.
Moverte también es fácil: puedes recorrer el país en tren, coche o autobús, y cada región tiene su propia personalidad.
Según los últimos datos turísticos, Rumanía recibió casi300.000 visitantes internacionales en agosto de 2025, un incremento constante respecto al mes anterior y una señal de que cada vez más viajeros descubren su atractivo. Las zonas más visitadas siguen siendoBucarest, Brașov y Prahova, donde los paisajes de montaña y el turismo cultural se mezclan perfectamente.
Bucarest: la pequeña París del Este

Seguramente tu viaje comenzará en Bucarest, la capital.
Una ciudad vibrante, llena de historia y contrastes.
Muchos la llaman “la pequeña París”, y es fácil entender por qué: tiene avenidas amplias, cafés con encanto y una arquitectura que combina lo moderno con lo comunista.
Cuando la visité con mis amigos mexicanos, recorrimos el casco antiguo, elPalacio del Parlamento—uno de los edificios más grandes del mundo—, elArco del Triunfo, y disfrutamos de las noches rumanas entre música, bares y gente amable.
Bucarest no engaña: es una ciudad que ha vivido mucho, y sin embargo, sigue mirando hacia el futuro con fuerza.
En los últimos años, la ciudad se ha convertido en un centro cultural moderno conturismo verde, arte urbano y experiencias personalizadas, desde catas de vino hasta recorridos en coches eléctricos por sus avenidas históricas.
Más allá de la capital: Rumanía auténtica
Si de verdad quieres entender la esencia de Rumanía, debes salir de Bucarest.
Toma un coche y dirígete haciaBrașov, una ciudad preciosa rodeada de montañas.
Sus calles empedradas, su aire medieval y la vista de losCárpatoste harán sentir dentro de una película.
Desde allí puedes visitarSighișoara, uno de los pueblos medievales mejor conservados de Europa, o bajar aTurda, donde está una de las minas de sal más impresionantes del continente.
Y claro, no puede faltar el míticoCastillo de Drácula, en Bran, o el majestuosoCastillo de Peleș, una de las joyas arquitectónicas más bellas de Europa.
Pero lo más valioso no son los castillos, sino su gente: hospitalaria, amable y con una sencillez que te hace sentir en casa.
Sabores que reconfortan el alma
La gastronomía rumana es, literalmente, un abrazo en forma de comida.
Desde una buenamămăligăconmici,muștarygulaș, hasta sopas de montaña o postres con frutas silvestres.
Todo está hecho con productos del campo, recetas tradicionales y mucho cariño.
Es una cocina que refleja la historia del país: influencias húngaras, balcánicas y eslavas se mezclan en platos que reconfortan.
Entre montañas, mares y pueblos con alma
Si eres amante de la naturaleza, Rumanía te va a fascinar.
Puedes bañarte en elMar Negro, perderte en losCárpatos, o recorrer elDelta del Danubio, uno de los ecosistemas más ricos de Europa.
Los paisajes rumano son tan diversos que parece que cada región pertenece a un país distinto.
Yo nací en el norte, en el estado deSuceava, en una ciudad llamadaRădăuți, cerca de la frontera con Ucrania.
Y un poco más allá, está mi verdadero hogar:Nisipitu, un pueblo pequeño y remoto, pero con una belleza indescriptible.
Allí la gente vive en armonía con la tierra, cultiva sus alimentos, cuida su ganado y mantiene viva una forma de vida sencilla pero plena.
Un viaje a lo esencial
Visitar lugares como Nisipitu no es solo conocer un país, sino redescubrir otra forma de vivir.
Una vida más lenta, más humana, más conectada con la naturaleza.
Y eso, en un mundo tan acelerado, vale oro.
Mi conclusión: la emoción de volver a casa
Si me preguntas si vale la pena viajar a Rumanía, te diría sin dudarlo:
sí, absolutamente.
No solo por sus castillos, ni por sus paisajes, ni por sus precios…
Sino por la emoción que deja dentro de ti.
Porque cuando caminas por sus calles, pruebas su comida, hablas con su gente o respiras el aire frío de sus montañas, sientes algo especial.
Una mezcla de historia, fuerza y calidez que pocos lugares en el mundo pueden ofrecer.
Así que, date la oportunidad.
Viaja a Rumanía.
Y deja que te sorprenda.
